Érase una vez...
Un rey diréis todos a coro...
Una princesa suelta alguien del fondo de la sala...
Un tiozo de madera, me grita Pinocho...
Mi culo, grita el gordo Tchiarrasse Lagonfle desde alto de su trono de senador...
No hijitos míos, os habéis equivocado...
Érase una vez una muy bonita muchacha. Como siempre estaba vestida de amarillo,
la llamaban Caperucita verde. Si hubiera estado vestida de verde, se habría tenido que llamar Pulgarcito, in rojo, Blancanieves y en
ciclista, la Bella Durmiente... Si se hubiera estado vestida de azul la habríamos llamado Caaperucita roja, pero entonces se la habría
confundido con la heroína de mi camarada
y sin embargo amigo Charles Perrault, lo que hubiera sido lástima, ya que no me hubiera sido posible escribir algo sin ser acusado
de plagio...
Dios mío que bonita era caperucita verde, con sus relucientes ojos azules, sus zuecos de suboficial y su ausencia de perilla
de Huedada. Si señora, Caperucita verde era tan tan bonita... en la región todos los chicos le lanzaban miradas pícaras...
Pero ella era muy buena, no salía casi nunca por la noche, exceptuando el domingo, el sábado, el viernes, el jueves, el miércoles
y el martes... No frecuentaba los lugares de perdición y se contentaba con las discotecas de mala fama, clubes de strip-tease, y clubes
no convencionales. Sus padres estaban orgullosos de ella y toda la región la señalaba con el dedo : Tomad ejemplo de Caperucita
verde decían las madres y los padres de familia a su prole. Ella, por lo menos no corre el peligro de coger la viruela o el sida,
ni de encontrarse en el paro o diputada o senadora o ministra...
Un día, su mamá la llamo y le dijo : Caperucita verde, tu abruela está enferma y hace casi tres meses que no ha
ido al Intermarché para que el estrecho mosquetero le dé sablazo. ¡ Le habrá hecho poquísima gracia !
He hecho esta torta y he puesto un poco de mantequilla en este botecito para que se lo lleves hoy ya que es viernes, día de ayuno
y abstinencia. Pero, ya sabes, Caperucita, ella vivie bastante lejos y tendrás que atraversar el bosque oscuro y lleno de peligros
antes de llegar a su vivienda de protección oficial. Tendrás que ser prudente, frugal, casta y pura y tener cuidado con el
lobo y con los salteadores...Si te dirigen la palabra, sólo responderás en caso de absoluta necesidad y sobre todo ten cuidado
de no coger el sida... Llévate una cincuentena de condones, nunca se sabe, y no hables con la boca llena... ¿Has comprendido,
Caperucita verde ?
- Sí mamá, respondió la niña.
- ¡ Hala, hala, hala !
- Cállate la boca, respondió el eco.
Caperucita la pierna ligera y el ojo pícaro, y la boca llena de alegres gorjeos,
iba a la caza de las mariposas. Como llegaba a la linde del pueblo, vió a Cenicienta que estaba hilando con su rueca y la invitó a
un pequeño paseo campestre.
Y así se fueron las dos, dándose el brazo, mejilla contra mejilla... cantando alegremente
por la carretera que conduce al bosque...
28 de marzo 1998
Cenicienta encantada de dejar su jaula miraba a la derecha y a la izquierda y me buscaba. Cuando me incontró, me increpó :
- ¡ Eh
tú, el autor ! Empiezan a jorobarme todos esos problemas que me endosas, ¿ no podrías darme un respiro ?
-
Pero gatita, hago lo que puedo... Tampoco es mi culpa si la Bruja Aburrida llegó tarde a tu bautizo, si Eva mordió la manzana
de oro del jardín de las Hespérides, si Judit cortó la cabeza a Holofernes, si tu padre se volvió a casar, y
encima con una malparida como ella. Sólo tenía que escoger a una buena segunda esposa. Tipo la Mireille de Avignon, la Nana
de Mouskoury o Rica Zaraï con la que tomariás todos los días baños de asiento bailando el sirtaki...
- No soy responsable
de las jilipolleces de mi padre, me respondió... pero tú, podriás dulcificar un poco mi destino.
- De acuerdo, pichoncita,
voy a ver qué puedo hacer... Vamos chao bellísima, saludos de mi parte y hasta luego.
El bosque era espeso y Caperucita verde
tiraba sus piedrecitas dietrás de ella para encontrar su camino, en el caso de que su abuela
la vendiera a unos traficantes de trata de blancas y que se encontrara en un burdel en el fin del mundo...
- Caperucita, le dice Cenicienta, ¿ por
qué no tiras migajas de alajú en vez de tus piedrecitas ?
Caperucita verde no respondió ya que Navidad ya había
pasado, Pascua se aproximaba y así todo iría mejor, mucho
mejor.
Roll and Umas pasó por allí con sus zapatos de oro.
- Buenos días , señor lobo, dijo Cenicienta.
- No soy el lobo, tonta al higo, soy el presidente del consejo constitutional.
Y voló un árbol, para encontrarse con Nanard
Kroutchenaire y su saco de arroz y para murmurar con el zorro.
- Hoy es domingo, dijo Caperucita verde y se precipitó sobre unas rosas
blancas para ofrecérselas a su abuelita.
- Pero no, ¡ hoy no es domingo !
- Pero sí, ¡ todos los días es domingo !
Y de repente, llegó el lobo...
- Buenas, buenas, ¡ Alegría, alegría ! señoritas.
- Buenos días señor lobo, no podemos
hablar con las personas a las que no conocemos, respondieron ellas a coro.
Pero me conocéis, ya que acabáis de llamarme por
mi nombre. En realidad me llamo Alfred. El lobo sólo es mi seudónimo
literario. ¿ Qué hacéis pués, solitas en el bosque ? ¿ No me tenéis miedo ?
-
Me llaman Caperucita verde, respondió Caperucita verde. Mi mamá me ha encargado que le lleve esta torta y este botecito
de mantequilla a mi abuelita que vive más allá del bosque, en los pisos de protección oficial de la ciudad que Ojioutte
y Petitberry liberaron hace poco. Encontré a Cenicienta en la linde del pueblo y me la llevo a la caza de mariposas y eventualmente
a recoger setas para sacarla a paseo un poco.
- Escuchad, dijo el lobo, esta tarde tengo cita con la cabritilla del señor Seguin, pero
no sé si la dejará salir sola
de la Asamblea, ya que, desde que frecuenta Sarcosette, acarrea a Blanquette por todos los bares más o menos turbios de la capital...
pero mientras tanto si queréis vamos a hacer un juego de jilis, aunque el profesor Choron esté hoy ausente. Vais a ir por este
camino y yo por este otro... Y veremos cuál es el trayecto más corto... no os paréis en Roma, Papa Polski-Polska no
está... El lobo, queriendo llegar el primero, habría, ya lo sospecháis, mis queridas lectoras, escogido un camino mucho
más largo para Caperucita y Cenicienta y consecuentemente, mucho más corto para él...
29 de marzo de 1998.
Dejemos un poco a Caperucita y a Cenicienta para que corten flores, recojan setas y cacen mariposas, volveremos a verlas después...
El
lobo se lanza sobre el itinerario que se había atribuído, no pone los pies en el suelo, se rompe la crisma tres veces y
decide poner los pies en el suelo, ya que es mejor para correr...
Corre... corre sin ver nada, sin oír ningún ruido... ni tan
siquiera vió al conejo que tenía una escopeta y
que esta mañana mató al cazador bajo los ojos enternecidos de la prima Chorlito, más chorlito que su prima...
Corre,
corre el lobo feroz... y llegó rápidamente a casa de la Abuelita...
Para hacerse abrir, toca suavemente a la puerta.
- ¿ Quién está allí ? grita la abuelita desde el interior.
- Soy su nieta, Caperucita verde, dijo el lobo
de su más suave voz, os traigo una torta y un botecito de mantequilla de parte de
mi mamá que vive más allá del oscuro bosque.
- ¡ Alfred ! ¿ Por qué juegas al jilipollas conmigo ?
grito la Abuelita, ¿ dónde te habías
metido ? ¡ Hace una eternidad que no te he visto ! y, no estando el cerrojo echado, el pomo girarás y la puerta abrirás
querido.
El lobo se precipita dentro de la sala, coge a la Abuelita, la toma entre sus brazos y la tira sobre la cama...
- ¡ Mi querido lobo,
grita ésta en éxtasis, por fin ! Vuelves a estar aquí, deprisa ven a saciarme... hace
tres días que mi conejo no ha visto ni tan siquiera la sombra de un lobo...
El lobo la había dejado en pelotas y le demostraba
su cariño...
Ya sé lo que vais a decirme lectora o lector... eso no pasa así en la realidad... los lobos no afilan su
lápiz con
las abuelas... no es un mento lo que nos estás contando, pero un suceso banal... quizás rengas razón, lectora o lector...
pero ¿ y si hubiera pasado así ? ¿ eh ? Bueno de acuerdo, volvamos a tierra.
Quatro pruebas de cariño
más tarde, el lobo feroz se inclina sobre la abuelita y le dice :
- Perdóname Lucienne, pero los lectores no están
contentos, acaban de hacer una reclamación al autor y me veré obligado
a devorarte... - ¡ Síííííííííí ! Zááááámpaaaaaaame cabrito
mííío ! ¡ Zámpame cruda ! ¡ Ah, Alfred mío. Eres verdaderamente
el rez de los zampadores de conejos ! El lobo se lanzó sobre la abuelita y la devoró... Después de lo
cual, cogió su camisón, su gorro de dormir
para esconder sus largas orejas, re arrellamó en el fondo de la cama y hizo una pequeña y reparadora siesta.
Dejémos
descansar un instante...
30 de marzo de 1998.
Reencontremos querida lectora, querido lector nuestra Caperucita verde y su Cenicienta en el lugar donde la habíamos dejado...
La
cosecha de flores, setas y mariposas había sido tan copiosa que no sabían qué hacer para transportarlo todo...
Menos
mal, he aquí que llega Eugène, el vendedor de patatas fritas que buscaba a Jacques Brel el cual, en la parada del tranvía
treinta y tres esperaba a Madeleine, los brazos llenos de lilas, para llevarla al cine... Madeleine no estaba allí... en el tranvía,
solamente estaba Arthur, la madre Télé y sus hijos comunes... así que el conductor les propuso llevar su cosecha hasta
la linde del pueblo donde podrían recuperarla a su vuelta. Caperucita y Cenicienta proseguían pués su camino a través
del bosque misterioso, cantando, parloteando, cogidas de la mano, el corazón alegre... He aquí que de repente, en una zanja,
ven al arcángel Gabriel, quien había cogido una castaña de mucho cuidado en el salón de té de la marquesa
de Sévigné...
- ¡ Oooh ! ¡ Aaaah ! exclamó viéndolas, os saludo, pichoncitas bien grasientas, ¡ el
señor
está con vosotras ! He aquí que en su infinita bondad, él os ha escogido, vosotras dos, Caperucita y Cenicienta,
para ser las madres del salvador. Una perdiz o una paloma vendrá a probaros todo el amor que dios os profesa y seréis fecundadas
por su semilla divina... ¿ Nunca habéis jodido con una paloma ?
- Oye, ¿ estás majara o qué ?
respondió Caperucita... ¿ No has mirado bien ? ¿ Por
quién nos tomas ? ¿ Por la pequeña María ? ¿ Por unas pavas ? ¡ No
creerás que vamos a cantarte el magnificat y que vamos a mearnos en las bragas ! ¡ Ves a dormir la mona mi blanco
pichón y ten cuidado de ensuciarte las plumas ! Ya tienes algunas que están grisáceas y que están enganchadas
en los matorrales, allí detrás de ti y si continúas, estarás a punto para el asador. Vamos Cenicienta, ¡ dejemos
a este borrachín en su delirio !
Gabriel llamó a San Miguel, quien llamó a Santa Catalina y a San Domingo, pero éstos,
se estaban tirando a la doncella Juana y no le oyeron... Se durmio y enseguida soño con ovejas... ovejas... se puso a contarlas y
se despertó... entonces rompió a
llorar. Cuando su pena pasó, las dos jovencitas estaban ya lejos.
Habían recorrido más de la mitad del camino, desdeñando
las ofertas del señor Cruzado Mágico de Playtex
quien quería contratarlas para hacer publicidad de sus ligueros en la tele. Cenicienta empezaba a cansarse y Caperucita tenía
que estimularla para hacerla avanzar.
- ¡ Vamos, chatita ! ¡ Piensa un poco en la juerga que haremos cuando volvamos de la
casa de la Abuelita !
- Sabes prefiero los bailes del rey, incluso si mis zapatos me hacen daño. Allí, por lo menos, encuentro
a mi príncipe
encantado quien, bailando, me soba...
Finalmente, de etapa en etapa, llegaron en vista del piso de protección oficial de la Abuelita...
¡ Me pregunto, lectora ! ¡ Estoy
indeciso, lector ! Y ahora ¿ qué demonios hago con Cenicienta ? ¿ La
guardo con nosotros ? ¿ Organizo una francachela con el lobo o con otros a quienes iré a buscar en la noche de los tiempos
o en pleno día ? ¿ Deshacerme de ella ? ¿ Devolverla a su hogar con sus penates ? Vale, pero
sus dos malvadas hermanas y su ruin madrastra le harán soportar muchos malos tratos. Cuando se introdujo en este relato, ¿ no
había pensado en eso ? ¿ Qué dices ? ¿ Dejarla que se las arregle ella solita ? ¡ No
sería caballeroso de mi parte ! ¡ No puedo abandonarla aquí, e, medio del bosque ! Ahora que la he cogido
ami cargo tengo que conducirla a buen puerto... Por lo menos encontrarle un buen puerco que podría hacerle olvidar sus desgracias...
¿ Y
la pobre Caperucita verde ? ¿ Dejar que el lobo se la coma ? ¿ Perdonarle la vida ? ¿ Ya ? ¿ Más
tarde ? No puedo dejar al lobo solito... sobre todo ahora que ya se ha zampado a la abuelita y que algunos me han reprochado esta comida
antropófaga y me han pedido que al final del relato la haga resucitar. ¡ Huy, huy, huy ! Me he metido en un buen lío...
Tengo que hacer la declaración de la renta a Chtrosse-canne antes de medianoche...
Nada mejor que una buena noche para aconsjarnos...
31 de marzo de 1998.
¡ Bueno, ya está ! Habéis ganado, amadas lectoras quienes no dejaban de compadecer a mis dos heroínas. Me
suplicáis que perdone a Cenicienta. ¡ Pués bien ! Es cosa casi hecha. La dejo ir y acorto sus desgracias,,
pero guardo a Caperucita, ya que qué voy a hacer si no tengo nada para entregar al lobo feroz.
He aquí pués que, sobre
su gran caballo blanco, llega el Príncipe encantado con un zapeto a la mano.
- ¡ Hola nenitas mías ! Venid aquí que
os pruebe este zapato...
Se precipitó sobre Caperucita verde, se puso de rodillas a sus pies y, a pesar de la negativas de aquella,
intenta probarle el zapato.
- Pero te digo que no es mío, bobalicón... berrea ella ¡ tienes que probarlo a Cenicienta,
no a mi !
El príncipe hubiera preferido a Caperucita, ya que Cenicienta, con sus harapos, no era muy apetecible. ¡ Pero
bueno !
siendo el zapato demasiado grande, se resigna, va hacia la harapienta, le prueba el zapato, le va bien y, milagro, he aquí que sus
harapos caen, dejandola en cueros, con los pelos del conejito erizados, las tetas en forma de pera, y su madrina apareció en el cielo
con vestidos nuevos para su ahijada. Liguero blanco, ropa íntima y medias negras y un maravilloso vestido color del tiempo sin olvidar
su corsé y sus largas enaguas. Quizás me equivoque de heroína, pero da igual, ¡ vosotros lo habéis
querido !
Igual que Don Limpio que acaba de limpiar las baldosas, el Príncipe encantado la toma en sus en sus musculosos brazos,
se lanza sobre su caballo blanco y he aquí que se van los dos a un maravilloso viaje de novios a Venecia.
Ya hemos colocado a Cenicienta. ¿ Estáis
de acuerdo lectoras de mi corazón ? Sólo me dirijo a vosotras
ya que los lectores, ellos, no querían salvarla, incluso algunos ¡ me han pedido que organice una buena juerga entre el
lobo y nuestras dos chicas ! ¡ Bueno ! Ahora sólo nos queda Caperucita. Me pregunto si la despacho esta tarde,
o si me tomo un poco de tiempo, hasta mañana por la noche, para darle el último toque. Es evidente que si os entrego el fin
esta noche estaríais contentos como reyes a los que no han guillotinado aún y que pasan su tiempo a hacer cerrajería
comiendo bollos. Pero me podríais reprochar una cierta escazes de conciencia profesional y no me volveríais a dar vuestra confianza...
Ahora bien, quisiera ser como la abuela de la fabada quien ¡ se merece toda la confianza del mundo !
¡ He dicho !
Paro, pero os prometo el final para mañana noche...
1 de abril de 1998.
He aquí pués Caperucita, ella solita, delante el apartamento de protección oficial de la Abuelita... Está triste
de no tener ya a Cenicienta con ella, ¡ pero bueno ! así es la vida...
Llama a la puerta con su ligero y bonito dedo.
- ¿ Quién es ? pregunta el lobo imitando la voz de la abuelita.
- Soy su nieta, Caperucita verde. Os traigo una torta y
un botecito de mantequilla de parte de mi mamá.
El lobo, que había bailado su último tango en París se hacía
ya lascivas ideas pensando en el botecito de mantequilla.
- Espero que habrá bastante mantequilla, pichoncita.
- Sí, sí, respondió Caperucita.
- ¡ Bueno ! Entonces, no estando el cerrojo echado, el pomo girarás
y la puerta abrirás.
Y caperucita verde entró en la habitación de la Abuelita.
Alfred el lobo se había escondido debajo de las sábanas
y sólo se veía su gorro de dormir que sobresalía.
- ¡ Pon las cosas encima de la measa y desnúdate !
Ven a la cama conmigo, hijita, dijo él con su más dulce
voz. Nos calentaremos mutuamente.
- ¡ Sí abuela ! Voy enseguida.
Caperucita, una vez en cueros, fue acurrucarse contra Alfred.
- Pero, dime abuela, ¿ por qué tienes ese vozarrón ?
- Es para hablarte mejor, hijita, y para hacerme oír
mejor en la tele.
- Pero, dime abuela, ¿ por qué tienes unas orejas tan grandes ?
- Son para oírte mejor, hijita y además es
mi garage para pulgas.
- Pero, dime abuela, ¿ por qué tienes unos ojos tan grandes ?
- Son para verte mejor y para devorarte con ellos.
- ¡ Por fa', por fa' señores y señoras, no vais a continuar así durante
una hora a tocarnos los huevos, chilla Lachavanne quien pasaba por allí ! ¡ Por fa', por fa' ! ¡ Alfred
vas por fin a enseñarla y a darte
un poco de prisa o qué ! tenemos otras cosas que hacer. ¡ Por fa', por fa' ! Y tú, Caperucita, no vas a decirnos : " Cielos,
mi marido ". ¡ vamos, vamos ! ¡ Un poco de energía, queridos ! ¡ Por fa', por fa' !
señores y señoras...
El lobo salta sobre Lachavanne :
- ¿ Qué hacíais durante el verano ? dijo este animal lleno de rabia.
- ¿ Como lo hubiera podido hacer, si
aún no había nacido ?
Caperucita no es aficionada a prestar, ese es su menor defecto. Coge a Alfred por la piel del cuello
y se lo lleva con ella a la cama.
- ¡ Abuela, es conmigo con quien hablas y es a mí a quien calientas ! Así que calma,
te quedas aquí, conmigo.
Lachavanne, avergonzado y confuso, juró pero un poco tarde que ya no le volverían a coger. Saltó por
la ventana y huyó al
bosque.
- Di, Abuelita, ¿ por qué tienes unos dientes tan grandes ?
- Son para mordisquear mejor las puntas de tus domingas, hijita. - Dime, Abuelita, ¿ por qué tienes una coooooooooooooola
taaaan graaaaaaaaaaaaande ? - Es para
desflorarte mejor, hijita. - ¡ Alfreeeeeeeeeeeeeeeeed! ¿ No
estás harto de juger a las abuelitas ? Te has zampado a Lucienne, de acuerdo, pero ¿ qué esperas, ¡ redíos !
para zamparme y quitarme las telarañas ? ¿ Y entonces lobo moi ? ¿ Quieras que haga surgir tu capullo
primero ?
Aún a riesgo de deceptionaros, lectoras, lectores, no describiré los tumultuosos retozos de Alfredo y de Caperucita
verde para salvaguardar vuestras castas orjas de un relato que no es adecuado para vuestra edad.
Sin embargo sólo fue después
del décimo asalto que la madrina de Caperucita, que era una hada buena, bajó por
la chimenea y les tuvo más o menos este languaje :
- Caperucita verde, has superados todas las pruebas, y tú Alfred tambien.
Quiero que sepas, mi casta y pura niña, que Alfred
no es un verdadero lobo. Es un príncipe encantado, pero en su primera comunión su madrina se volvió loca. Ya no se acordaba
de las fórmulas y lo transformó en lobo. Voy a devolverle su forma primera ya que creo que el castigo ha durado ya bastante.
Y
de un golpe de varita mágica lo transformó en un joven y apuesto chico.
¿ Lucienne ? me preguntaréis gatitas. ¡ Pués
bien ! Alfred fue hasta el armario, abrió la
puerta y Lucienne, en cueros, dijo :
- ¡ Cielos, mi Caperucita verde !
Ya sé que vais a objetar que Alfred se la había comido el 29 de marzo de 1998. ¡ Craso
error lectoras, mis semejantes, hermanas mías !
Había escrito textualmente : el lobo se lanzó sobre la abuelita
y la devoró... Yo no había precisado qué era
lo que le había devorado y os lo dejo escoger según vuestros gustos. ¡ Pensad que un lobo aficionado al sexo como
Alfred no iba a dedicarse a comer sus queridas ! ¡ Su harén !
La abuelita se vistió.
La madrina volvió a subir por la chimenea.
Alfred y Caperucita verde se casaron, tuvieron muchos hijos y vivieron felices y contentos...
Y para ellos eso es todo... Ahora, es hora de ir a dormir. ¡ Deo gratias ! ¡ Amén ! ¡ Así sea ! ¡ Benedicite !